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Una argentina, seleccionada entre los 10 finalistas a mejor maestro del mundo

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¿Qué tiene que tener un docente para estar entre los mejores diez del mundo? Pueden ser muchas cosas, pero en el caso de Ana María Stelman (56) seguramente sea su pasión por enseñar, que quedó demostrada en una extensa trayectoria al frente de aulas de escuelas primarias, que ya lleva más de 30 años.

Nacida en la capital bonaerense, Ana siempre quiso ser maestra y volcó su vocación a darles clases a los chicos más vulnerables. “Tengo a la docencia en la sangre, no me imagino haciendo otra cosa. Me emociona ver cuando los chicos progresan, ver que están contentos. Darles herramientas para que encuentren la felicidad. Siempre les digo: ‘lo que hagan en el futuro, tienen que ser los mejores’”, le cuenta a Clarín.

Stelman será elegida este jueves como una de los 10 finalistas al Global Teacher Prize 2021, premio organizado por la Fundación Varkey -en alianza con UNESCO- que entrega un millón de dólares. Compitió contra más de 8.000 candidatos de 121 países.

Los otros nueve docentes seleccionados para competir por el primer premio son de países muy diversos y con realidades muy distintas. Hay de Canadá, Filipinas, Reino Unido, México, Ghana, Francia, Estados Unidos, Australia e Irán. El ganador será anunciado el 10 de noviembre.

En el colegio. Ana Stelman este miércoles, en el aula donde ahora da clases. Mauricio Nievas

Pero vayamos a la vida de Stelman, que se inició en la docencia en 1984 cuando se recibió en el Instituto de Formación Docente 9 de La Plata. Desde entonces, siempre trabajó en el aula frente a los chicos, siempre de los barrios más vulnerables. Como los de la escuela 7 del barrio Hipódromo de La Plata, donde está dando clases en estos momentos.

El jurado del Global Teacher Prize la eligió por los logros que obtuvo con sus alumnos: muchos de ellos llegaron a destacarse en ferias de ciencias. También por haber mantenido la continuidad educativa tras el cierre de escuelas por más de un año, que le permitió evitar la deserción escolar de muchos de sus estudiantes. En el grado que daba clases, sólo un chico tenía acceso a una computadora.

Ana María Stelman, docente de primaria de La Plata y finalista al “Nobel de la educación”.

Ana cuenta ahora que, en muchas ocasiones, trató de hacer videoconferencia por WhatsApp, pero habitualmente terminaba dando clases por conversación telefónica. “Un chico me decía ‘¿Y cómo hago la U’?. Tenía que explicárselo por teléfono”, rememora.

Si algo distingue a Stelman son los proyectos que encaró en su carrera como docente y que tienen un común denominador: todos aspiran a ampliar el espacio del aula, a abrirles el mundo a los alumnos. Y, por sobre todas las cosas, a motivarlos para el aprendizaje.

En el colegio. Ana Stelman este miércoles, en el aula donde ahora da clases. Mauricio Nievas

Uno de esos proyectos motivadores fue el trabajo que hizo con los caballos, animales que suelen estar sueltos en el barrio Hipódromo de La Plata. Ni bien llegó a esa escuela, a Ana le dijeron “Ojo, no les hables a los chicos de caballos que se distraen mucho”. Ella entendió que precisamente ese era el interés de los chicos, y sobre eso tenía que trabajar.

Pero como no sabía nada de caballos -e incluso les tenía miedo- lo que hizo Ana fue asesorarse. Fue a la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata a buscar información. Así, creó el proyecto “Por qué hay tantos caballos en mi barrio”, así como visitas al hipódromo junto a una veterinaria y otros talleres relacionados. También, trabajaron con el compost a base de bosta de caballo, lombrices y la producción de plantines.

Ana María Stelman, docente de primaria de La Plata y finalista al “Nobel de la educación”.

Otro de sus proyectos fue “Los niños gobiernan la República” que consistió en hacer elecciones entre postulantes de todas las escuelas de la ciudad de La Plata para formar cuerpos legislativos que sesionaran durante un año.

A Stelman también le reconocen cómo usa las herramientas digitales, incluso antes de la pandemia. Por ejemplo, en el trabajo que hizo durante un año con la Base Orcadas en la Antártida Argentina, que terminó con una videollamada.

En el colegio. Ana Stelman este miércoles, en el aula donde ahora da clases. Mauricio Nievas

Ya en pandemia, y junto a docentes y estudiantes de Ushuaia, Mendoza, Jujuy y La Plata midieron la extensión del país desde sus casas usando un instrumento astronómico sencillo, como el gnomon.

Ana tiene tres hijos y entre las historias más trágicas haber vivido la gran inundación de 2013 de La Plata, cuando el agua que se metió en su casa superó el metro y perdió casi todo.

Ana María Stelman. Mantuvo la continuidad en 2020 con chicos vulnerables.

Ana cuenta que ella no pensaba anotarse en este premio, aunque se lo habían sugerido la directora y colegas. Pero lo que la terminó de decidir fue cuando se lo dijeron “las chicas de la cocina”. “Ese premio es para vos, me dijeron con mucha cariño”, recuerda.

“Siempre quise ser maestra. De chica, me llamaba la atención ver cómo lo hacían mis maestras. Fui viendo cómo aplicaban la didáctica. Por ejemplo, iba a natación y me fijaba en cómo enseñaban natación. Fui aprendiendo de todos ellos, yo represento a todos”, dice Stelman, que ahí va rumbo a la final, a ver si la Argentina obtiene el campeonato mundial más prometedor de todos.

Los otros 9 finalistas

El ganador del Global Teacher Prize 2021 saldrá de entre los diez candidatos seleccionados este jueves. La argentina Ana María Stelman y estos otros nueve:

Soraya Motaharnia, de Irán

La maestra rural Soraya Motaharnia es célebre en su Irán natal por haber financiado a estudiantes que necesitaban tratamiento médico y múltiples procedimientos quirúrgicos especiales, y por haber proporcionado ayuda económica a cientos de estudiantes indigentes, por haber conseguido reconstruir escuelas en mal estado y por haber utilizado métodos de enseñanza innovadores que hacen que el aprendizaje sea divertido a la vez que enriquecedor desde el punto de vista cultural y global.

Rebecca West, de Australia

Rebecca West, vicedirectora de la escuela pública de Bonnyrigg, en Nueva Gales del Sur (Australia), atiende a una comunidad muy multicultural procedente de entornos pobres y traumatizados. Como profesora, siempre ha conseguido un crecimiento sostenible de las capacidades académicas, conductuales y sociales de los alumnos a su cargo.

Diana Lorena Rubio, de México

Diana Rubio es profesora de Tecnología en el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (CBTIS) N° 118 ‘Josefa Ortiz de Domínguez’, en Corregidora, Querétaro, México. El año pasado ganó un premio que promueve la educación en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM). El premio se debió en parte a una de sus mayores pasiones: cómo influir para que más niñas y mujeres elijan carreras STEM.

Keishia Thorpe, de Estados Unidos

Tras huir de la pobreza y la violencia cuando era niña en Jamaica y llegar a Estados Unidos con una beca de atletismo, Keishia Thorpe enseña inglés a estudiantes empobrecidos, inmigrantes y refugiados de 12º grado en la International High School Langley Park, en Bladensburg (Maryland), para prepararlos para la universidad.

Juline Rault, de Francia

Juline Anquetin Rault reparte su tiempo entre las clases particulares y la enseñanza de historia y geografía en una escuela de aprendizaje. Allí, muchos de sus alumnos empiezan con aversión a la escuela, ya que han tenido dificultades en la educación formal, y una gran parte son estudiantes extranjeros que aún están aprendiendo a hablar francés.

Evans Odei, de Ghana

El profesor de matemáticas Evans Odei, de Achimota Senior High, en el Gran Accra (Ghana), lleva 20 años enseñando en el Servicio de Educación de Ghana y se ha ganado una gran reputación en todo el país por su dedicación a ayudar a los estudiantes de riesgo a superar su fobia a las matemáticas y a evitar el ausentismo escolar.

David Swanston, de Reino Unido

Como profesor del St Vincent’s School de Liverpool, David lleva más de una década ayudando a niños con discapacidad visual. Cuando se incorporó a la escuela, se dio cuenta de que los estudiantes con una discapacidad visual suelen enfrentarse a altos niveles de desempleo y tienen (de media) entre 4 y 6 amigos menos que sus compañeros videntes. El enfoque de David a la hora de enseñar a los niños con discapacidad visual es muy personalizado en función de su nivel de visión .

Bryant Acar, de Filipinas

Bryant Acar, profesor de ciencias de estudiantes de entre 16 y 18 años en el Science and Technology Education Center – Senior High School (STEC-SHS), Basak, Lapu-Lapu City, Cebú, Filipinas, no tenía libros y sólo contaba con un almacén, una cantina y un pequeño vestuario detrás de un escenario para impartir las clases cuando llegó. Ahorrando su propio dinero y pidiendo a sus amigos que le donasen, construyó el material de ciencias de su escuela, para que los alumnos más pobres pudiesen tener una educación científica satisfactoria.

Breanna Heels, de Canadá

Tras haber viajado por todo el mundo, Breanna Heels, profesora de 7º/8º grado y vicedirectora de la Hepworth Central Public School de Ontario (Canadá), ha desarrollado su propio enfoque pedagógico basado en los Objetivos Mundiales de la ONU que apoyan el medio ambiente, la historia cultural, la sostenibilidad y la ciudadanía global, llevando a sus alumnos de excursión para que puedan experimentar la tierra salvaje que les rodea y convertirse en participantes activos en la mejora de su comunidad y del mundo, al tiempo que crecen en la comprensión de la importancia de su lugar en él.

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