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Un pacto entre París y Roma tras la salida de Angela Merkel

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Con cierto orgullo, un diplomático de Roma recordaba en estos días que Italia y Francia son mucho más que dos países vecinos. Italia dio a la historia el Imperio Romano y su continuación, la Iglesia. Francia alumbró a Carlomagno, coronado emperador en la Navidad del 800 por el Papa León III y estratega de un enorme proyecto que muchos historiadores consideran hoy la prefiguración de la Unión Europea. Ese imperio duró 1000 años.

Esos son dos de los hitos mayores de una sociedad francoitaliana que, a lo largo de la historia, siempre ha tenido repercusiones. Hoy, en escala diferente, el futuro vuelve a convocarlos. El marco es el alejamiento de Angela Merkel tras 16 años al frente de la principal economía del bloque.

Conviene leer bajo ese nuevo escenario el Tratado del Quirinal que Emmanuel Macron y Sergio Mattarella firmarán este viernes para sellar un frente común ante cambios que se avecinan y clausurar un turbulento período de años recientes.

Como recordaba la revista Le Point, “las dos hermanas latinas” siempre tuvieron idas y vueltas”.

Pero las cosas comenzaron a torcerse con la invasión a Libia en 2011, que alentó Sarkozy y Berlusconi resistió, en el marco de las disputas entre las petroleras Total y ENI. Y se complicaron más cuando el vicepremier ultraderechista Matteo Salvini apoyó a los Chalecos Amarillos en una guerra contra París por la inmigrantes. Macron, en un gesto inédito desde la Segunda Guerra, llamó a su embajador en consulta.

En el medio hubo otros choques que involucraron a los grupos Mediaset y Tim. Y el vínculo quedó abollado hasta la llegada del banquero Mario Draghi al Palacio Chigi.

Mario Draghi y Emmanuel Macron. EFE

El Tratado habla de inmigración, comercio, ciencia, seguridad y cultura. Pero sus alcances son más profundos con la idea esencial de frenar un eventual retorno a la austeridad auspiciada por países del Báltico -temida incluso bajo la Alemania que viene- y de mantener una política fiscal expansiva.

Que el pacto sea lanzado ahora no es fortuito. Junto a la ausencia de Merkel, el bloque enfrenta problemas complejos: los efectos del Brexit, la inmigración, la disputa por la energía con Rusia, la posición ante China y la agenda de extrema derecha en países del Este.

París sabe que necesita de Roma; y los italianos, con el Ejecutivo de Draghi, miran más que antes al norte europeo. Los pactos bilaterales como el del Quirinal no son comunes en la UE. Cuando De Gaulle y Adenauer rubricaron el suyo cimentaron el eje francoalemán, vigente hoy. Fue en 1963. 
​mc

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