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Saltó al mar, quedó cuadripléjico y ahora protagoniza una obra sobre cómo rehízo su vida en silla de ruedas

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Su filosofía de vida no registra un “no puedo”. Amante de la vida, la tenacidad es la brújula que orienta cada una de sus acciones desde que se convirtió en usuario permanente de silla de ruedas. Nicolás Stupenengo (49), actor y director de cine, sufrió una lesión medular por un traumatismo cervical que lo dejó cuadripléjico hace más de 13 años. Hoy cuenta su historia en “Nicolás anda”, una obra de teatro unipersonal.

La forma en que veía y se relacionaba con el mundo cambió el 31 de diciembre de 2006, cuando sufrió un grave accidente durante sus vacaciones en Puerto Pirámides, Chubut. Fue tras saltar de cabeza a un mar con marea baja, desde unas rocas que tenían aproximadamente dos metros y medio de altura.

“Al entrar al agua sentí que algo pasaba. Fui hasta el fondo y me empujé con las piernas hacia arriba para salir a flote. Cuando llegué a la superficie, sentí un cosquilleo en el cuerpo. Me estaba hundiendo, ya no tenía la fuerza suficiente como para llegar a la orilla”, le cuenta a Clarín mientras apelotona la galería de recuerdos en su mente.

A fuerza de voluntad y trabajo físico, logró contradecir el sombrío pronóstico inicial. Había sufrido una lesión a nivel cervical C5 C6. Es decir, se rompió la quinta vértebra cervical y su médula se vio afectada. En Trelew, los especialistas diagnosticaron que la lesión medular era irreversible. Tras una operación y seis meses de rehabilitación adquirió capacidad motora en los brazos. Su familia y amigos son bastiones fundamentales en su vida.

“Logré una mejor versión de mí”, expresa Nicolás Stupenengo (49), protagonista de la obra “Nicolás anda”. Foto Rafael Mario Quinteros

“El miedo me impulsa para adelante. Escribí en un papel una lista de los sí puedo y empecé desde cero para mantener mi estilo. Vivo feliz. Logré una mejor versión de mí”, describe Nicolás del otro lado de la pantalla. Hoy, puede comer solo -ayudado por una adaptación que sostiene el tenedor-, mover la silla con ambos brazos, tirarse en parapentes, andar en lancha y hasta manejar un vehículo automático.

Aceptar los cambios y volver a nacer

Después del accidente, se mudó a la casa de sus padres porque necesitaba 24 horas de asistencia. “Uno de los duelos más grandes que tuve que hacer fue dejar de ser asistente de producción, en lo que trabajé durante 15 años seguidos. Sentí que la vida me había dicho: ‘Ahora estás sentado, no podés asistir más. Tenés que dirigir. No necesitás la silla de director. Ya la tenés‘”, confiesa.

“En rugby en silla me encontré con chicos que estaban en la misma condición que yo, pero llegaban solos con su auto, bajaban el asiento con ruedas y vivían sin compañía. Ahí comenzó otro Nicolás. Un Nicolás que empezó a entender que había un futuro lleno de posibilidades”, asegura con la convicción de que la disciplina le enseñó a ver más allá de lo que uno cree que puede.

Nicolás y Sofía, su labradora de asistencia. Foto Rafael Mario Quinteros

Hoy, vive acompañado por Sofía, una perra labradora entrenada para asistirlo y mejorar su calidad de vida, que le obsequió la asociación civil sin fines de lucro Bocalán Argentina. “Me trae todo moviendo la cola, feliz. Su ayuda es fundamental para mí. Antes, he pasado días sin ver la tele porque el control remoto estaba en un lugar donde no podía acceder”, evoca.

Nicolás percibe a diario un engranaje de discriminación social. “La mayoría de las barreras tienen que ver con la infraestructura de la ciudad de Buenos Aires: lugares con rampas mal hechas, veredas rotas, bares sin escalón o sin baños acondicionados para nuestro colectivo. Encima te tratan mal por el perro”, cuestiona.

–No pueden entrar con el perro, vayan afuera, advierte el encargado de un restaurant.

–No. Hace frío. Queremos tomar el café acá y por ley tenemos permitido estar acá, reclama Nicolás. 

Una escena cotidiana que contradice la Ley 26.858, sancionada el 22 de mayo de 2013, con el propósito de garantizar el acceso y deambulación de toda persona con discapacidad con su perro de asistencia a lugares públicos y privados de acceso público.

“Sentís que no te entienden y, de alguna manera, uno se va aislando. No se ve gente con discapacidad en la calle, simplemente, porque no tienen ganas de salir, está agotada de estas situaciones”, explica.

También, están los obstáculos culturales. “Es común que, detrás de un mostrador, te atiendan y no te miren a la cara. Se dirigen sólo a tu acompañante y te hacen sentir al margen de la sociedad”, subraya masticando las palabras con una mezcla de bronca y tristeza.

Transformar un sueño en realidad

Su personalidad inquieta, avasallante y abierta a los cambios lo lleva a concretar y desafiar distintas expectativas. “Estoy convirtiendo un colectivo Mercedes Benz 1315 en un motorhome 100% accesible para usuarios de silla de ruedas”, proyecta en su canal de YouTube @rollingrengo. Ensayo, error y modificación en cada prueba de manejo.

El motorhome que Nicolás acondiciona para que sea accesible a todo usuario con silla de ruedas

Nicolás explica que el colectivo fue adaptado con una palanca, ubicada en el brazo izquierdo al costado del volante, la cual se empuja para activar el freno y se tira para acelerar. También, que el volante se coloca en un enganche para que quede firme y pueda insertar la mano.

Piensa en hacer viajes cortos por el país en diciembre y, a mediados del año próximo, despegar rumbo a Sudamérica. “Me siento como un astronauta probando cosas por primera vez. Es una excusa para ir por mis propios medios a destinos difíciles de acceder en silla de ruedas. Con el colectivo busco lograr que el jardín de mi casa sea cada paisaje donde me detenga”, vislumbra con la mirada en el horizonte.

Nicolás anda

“Nicolás anda” es el nombre del unipersonal que protagoniza. Una charla artística a corazón abierto. La historia de Nicolás, quien es actor y cineasta, deviene en texto escénico y su corporalidad es puesta en escena. La referencia del orden de lo real se inserta en un compilado de imágenes.

Dirigido por Nahuel Martínez Cantó y asistido en las tablas por su perra Sofía, muestra fragmentos de sus filmaciones y relata cómo modificó su cotidianidad al convertirse en usuario permanente de silla de ruedas.

Nicolás Stupenengo junto a Nahuel Martinez Cantó, director de la obra “Nicolás anda”. Foto Rafael Mario Quinteros

Se trata de una reflexión sobre el poder de la tenacidad para superar grandes dificultades y, en definitiva, apunta a cualquier persona, más allá del obstáculo que enfrente.

El telón se abre cada sábado a las 19 en el Teatro Moscú, ubicado en Ramírez de Velasco 535 (@nicoloasandaobra). “La obra nació de la mano de Nahuel, quien descubrió en Internet todo lo que hago y me contactó por Facebook. Memorizar una transcripción de entrevistas que di es tocar el cielo con las manos”, le dice a Clarín con orgullo.

Mientras proyecta otros sueños, como hacer un documental en Mendoza sobre el vino o uno sobre la experiencia de viajar en su motorhome, comenta que espera encontrar a una mujer con quien compartir y formar una familia. Nicolás sabe que se puede, fluye como el agua y no se detiene.

MG

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